Para Nissan, el coche eléctrico no es solo una solución de movilidad. La marca lo entiende también como un recurso energético capaz de integrarse en el hogar y, en su nivel más avanzado, de interactuar con la red para aportar flexibilidad al sistema eléctrico. Es una visión que la compañía mantiene desde el lanzamiento del Nissan LEAF, el primer coche eléctrico pensado para el mercado generalista, y que se articula en torno al concepto V2X (Vehicle-to-Everything).

V2L, V2H y V2G: tres niveles de integración
Bajo la etiqueta V2X conviven funciones de naturaleza distinta. El nivel más básico, el V2L (Vehicle-to-Load), permite alimentar dispositivos externos directamente desde la batería del vehículo, como fuente de energía flexible para usos cotidianos o puntuales.
El V2H (Vehicle-to-Home) va un paso más allá: integra el coche en la instalación eléctrica de la vivienda para coordinar carga y descarga en función del consumo, los horarios y, cuando existe, la generación renovable local. En un hogar con placas solares, esto permite almacenar los excedentes fotovoltaicos y aprovecharlos después, elevando el autoconsumo. El V2G (Vehicle-to-Grid) es el nivel más avanzado: el vehículo aporta o absorbe energía según las necesidades de la red, ayudando a equilibrar los picos de demanda y a integrar generación variable como la solar y la eólica.

Nissan, pionera en la bidireccionalidad
Esta visión no es nueva. El Nissan LEAF ya incorporaba desde 2012 la capacidad de funcionar como almacenamiento doméstico, y el LEAF to Home fue el primer sistema V2H comercial del mundo. Ese enfoque, convertir el vehículo en un activo útil cuando no se conduce, ha guiado el desarrollo de la marca durante más de una década.
Ahora esa experiencia entra en una fase orientada a la escala. Nissan está desplegando tecnología V2G en Reino Unido, con el objetivo de iniciar su implantación desde 2026 en modelos eléctricos seleccionados, y se apoya en un hito técnico relevante: la primera certificación G99 de arquitectura de corriente alterna obtenida por un fabricante de automóviles. En paralelo, el paso a un cargador embarcado bidireccional en corriente alterna reduce la complejidad de la infraestructura y acerca la bidireccionalidad a más usuarios.

La segunda vida de las baterías
El ecosistema no termina cuando la batería concluye su etapa en el vehículo. Nissan impulsa la segunda vida de las baterías como almacenamiento estacionario, un uso que actúa como «amortiguador» para la red: almacena energía cuando hay excedente renovable y la libera cuando sube la demanda. En España, el proyecto de Melilla combina 48 baterías reutilizadas del LEAF con 30 nuevas en la central térmica de Endesa, con hasta 4 MW de potencia y 1,7 MWh de energía almacenada, capaces de dar cobertura a los 90.000 habitantes de la ciudad durante 15,30 minutos, ampliables según la demanda.

Ventajas para el conductor y para el sistema
Para el usuario, el ecosistema se traduce en beneficios prácticos: más control sobre la factura, mejor aprovechamiento de la energía disponible y la posibilidad de planificar cuándo cargar y cuándo priorizar el autoconsumo, sin renunciar a la movilidad. A escala de país, la suma de muchos vehículos capaces de intercambiar energía aporta una flexibilidad especialmente valiosa en redes con alta penetración renovable, donde el reto ya no es solo generar energía limpia, sino gestionar su variabilidad. Según Nissan España, se trata de impulsar un ecosistema completo que haga la electrificación más sencilla, accesible y útil en el día a día.
